Entorno

Para él, Santa María de Cela es trabajar en el taller totalmente tranquilo, relajado, sin prisas, disfrutando de unas vistas maravillosas, una casa de aldea en un lugar privilegiado y lejos de las visitas inesperadas. Un ámbito mágico.
Se siente muy cómodo, dibuja, pinta, hace escultura, música, juega con su perro, atiende a las gallinas y cuida de las plantas que son para él una tarea más que relajante disfrutando de vez en cuando del vino de Cela. Un vino suave, fresco, transparente, armonioso, con ligero sabor a fresa. Un vino de trago largo para un buen cocido, matiza, y por todo esto Santa María de Cela es un entorno mágico, según explicó el propio autor.

La magia no se explica, para entenderla hay que acercarse a la costa de Bueu, descubrir porque las meninas decidieron trasladarse allí para habitar entre palmeras y camelias, para charlar con Laxeiro, Cunqueiro o Castroviejo, entre evocaciones de un pirata; para saborearla hay que fondear en la manantial del jardín de la casa, beber una taza de tinta femia, descubrir la fábrica de colores y abrir los ojos a lo que se nos ofrece, enmarcado, en una ventana prodigiosa.

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